En Colosenses 4:16, Pablo escribió: «haced que también se lea». Además, indicó a los colosenses que ellos también leyeran la carta procedente de Laodicea.
Este detalle nos muestra que las congregaciones debían compartir esas cartas y escuchar su enseñanza. Lo que hoy encontramos en nuestra Biblia también fue leído entre comunidades de creyentes.
¿Cómo podemos aplicar este ejemplo? Podemos hacer espacio para leer la Palabra acompañados y conversar con respeto sobre su mensaje.
Tal vez puedes invitar a una amiga, a tus hijos o a alguien de la iglesia. Lean el pasaje completo, observen su contexto y piensen cómo obedecerlo.
Hoy, pídele a Jesús un corazón dispuesto a aprender y a compartir su Palabra.
Firma visual: FE Cada Día con EstherContreras.

