Cuando llegó a Corinto, conoció a Aquila y a su esposa Priscila. Como compartían el mismo oficio, se quedó con ellos. Hechos 18:3 dice: «y trabajaban juntos».
Es un detalle sencillo que nos permite conocer otra parte de la vida de Pablo: también dedicaba tiempo al trabajo de sus manos.
¿Qué podemos aprender de este encuentro? Podemos valorar nuestras habilidades y reconocer las oportunidades de colaboración que aparecen en la vida cotidiana.
Tal vez sabes coser, cocinar, reparar, organizar o enseñar. Una aplicación de este ejemplo es poner esas capacidades al servicio de alguien que las necesita.
Hoy, pídele a Jesús que te ayude a trabajar con honestidad, compartir lo que sabes y servir con alegría.
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