A veces pensamos que el orgullo solamente se manifiesta cuando alguien se siente superior, pero también aparece cuando no aceptamos una corrección, cuando nos cuesta pedir perdón o cuando preferimos perder una relación antes que reconocer que nos equivocamos.
El orgullo nos roba la oportunidad de aprender, sanar y crecer. La humildad, en cambio, nos permite escuchar, restaurar relaciones, celebrar las bendiciones de otros y depender de Dios.
La Biblia dice: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).
Dios no nos muestra lo que debemos cambiar para avergonzarnos, sino para transformarnos. Él conoce nuestras debilidades y siempre está dispuesto a ayudarnos.
Hoy preguntémonos: ¿Qué actitud necesito entregar? ¿A quién debo pedir perdón? ¿Qué corrección necesito aceptar?
Cuando el orgullo cae, entra la gracia; cuando entra la gracia, el corazón sana; y cuando el corazón sana, nuestra vida espiritual comienza a crecer.
FE cada día con Esther Contreras. #reflexion #A






