El afán no resuelve el mañana; solo puede robarnos la paz de hoy. Hay momentos en los que queremos tener todas las respuestas, controlar cada situación y resolverlo todo con nuestras propias fuerzas, pero Dios nos invita a hacer algo diferente: confiar.
No necesitas saber cómo terminará todo para creer que Dios sigue teniendo el control. Entrégale tus cargas, tus temores y aquello que hoy no puedes resolver.
Busca primero a Dios. Porque cuando tienes a Cristo, tienes paz en medio de la tormenta, fuerzas para continuar, esperanza para volver a empezar y una presencia que nunca te abandona.
Y recuerda: nunca es tarde para buscar de Dios, nunca es tarde para regresar a Sus brazos y nunca es tarde para comenzar de nuevo.
Si tienes a Dios, lo tienes todo.










